Desperta Ferro Historia Antigua y Medieval Nº53 La segunda Guerra Púnica. Aníbal en Hispania Ver más grande

Desperta Ferro Historia Antigua y Medieval Nº53 La segunda Guerra Púnica. Aníbal en Hispania

En el año 241 a. C. Cartago salía derrotada de una guerra que había sido terrible y duradera. A la humillación y pérdida de Sicilia y otros territorios hubo de sumar el pago de onerosísimas indemnizaciones de guerra que debía entregar al vencedor: Roma. Para colmo de males, hubo de sofocar una revuelta generalizada de mercenarios y de todo el norte de África, que aprovechó la circunstancia para tratar de lograr su independencia de la metrópoli. Cartago, exhausta, no sabía cómo recuperar su antiguo dominio y esplendor. Fue entonces cuando un noble cartaginés, Amílcar Barca, fundador de la dinastía homónima, tuvo la osadía de emprender la dificultosa y peligrosa tarea de expandir el dominio púnico por la península ibérica y, de paso, crear su propio reino por la fuerza de las armas. En el año 237 a. C. desembarcó en Gadir (Cádiz) al frente de sus tropas. Comenzó así una gesta colosal que no solo tendría inmensas consecuencias en el devenir histórico de Iberia sino que suscitó los recelos de Roma y, con ello, puso las bases del enfrentamiento más sangriento de toda la historia del Mediterráneo: la Segunda Guerra Púnica, de la que se hablará en números futuros. Amílcar morirá en el asedio de una ciudad ibérica, pero será sucedido por su yerno, Asdrúbal el Bello y este a su vez por Aníbal Barca, hijo del primero y destinado, por sus hechos posteriores, a ser el más célebre de todos. Elefantes batiéndose en el Tajo, crudelísimos asedios y batallas, asesinatos y traiciones jalonan la trepidante epopeya de la dinastía bárcida en Hispania, eventos anteriores y complemento perfecto a nuestro n.º 17: La Segunda Guerra Púnica en Ibera.

Amílcar Barca y la conquista cartaginesa de la península ibérica por Jaime Gómez de Caso Zuriaga (Universidad de Alcalá)

La conquista de la península ibérica por Cartago ha quedado unida a una dinastía de estrategas, los Barca. No es un caso frecuente en la historia. Las empresas de conquista y colonización suelen ser largas, obra de varias generaciones, con muchos nombres protagonistas, y dirigidas por Estados a lo largo de décadas y hasta siglos, como lo fue la misma conquista de la península ibérica por Roma. Guarda pues la rápida hazaña bárcida ciertos paralelismos con la empresa de Alejandro en Oriente, o las de César y Trajano en las Galias y Dacia, respectivamente.

Los ejércitos bárcidas en Iberia, ca. 237 – 218 a. C. por Fernando Quesada Sanz (Universidad Autónoma de Madrid)

Hay dos lugares comunes relacionados entre sí sobre la organización militar cartaginesa que, aunque tienen un componente correcto, distorsionan mucho su realidad. El primero, que los cartagineses, siendo ante todo astutos comerciantes, no fueron gentes especialmente belicosas hasta que, ya muy tarde en su historia, la amenaza de Roma les empujó a ello. El segundo, que precisamente por ello recurrieron a tropas mercenarias para formar sus ejércitos. Estas ideas convertían a los cartagineses en una sociedad oriental en occidente, esencialmente diferente a la helénica o a la romana. Sin embargo  desde el estudio sistemático de las fuentes, sabemos que Cartago fue en muchos sentidos –y en el militar también– una polis similar a muchas otras del Mediterráneo. Del mismo modo, durante siglos la base de la estructura militar cartaginesa fue el principio de ciudadano propietario que se costeaba sus armas y combatía en una forma de ejército cívico. El recurso a tropas aliadas y mercenarias fue un complemento cuyo papel fue creciendo con el tiempo, pero sin anular nunca el principio básico.

Asdrúbal el Bello: un estadista en provincias por Jorge García Cardiel (Universidad Autónoma de Madrid)

Ocho años después de su desembarco en Gadir en 237 a. C., el general Amílcar Barca entregaba la vida, dejando descabezado al ejército cartaginés destacado en la península ibérica. Su yerno Asdrúbal acudió al lugar y vengó su muerte con el sometimiento de las ciudades íberas cuya revuelta la habían causado. Así, Asdrúbal se vio legitimado a ojos de la tropa como el digno sucesor de su suegro. A partir de entonces se abrió una segunda y nueva fase de dominio púnico en Iberia que destacará por el empleo no solo de las armas sino de la diplomacia con las élites de los pueblos indígenas.

Características:

  • Serie: Antigua y Medieval
  • Número: 53
  • Tamaño: 29,5 x 21
  • Páginas:65

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