Desperta Ferro Historia Contemporánea Nº 31 La Revolución Cubana
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Desperta Ferro Historia Contemporánea Nº 31 La Revolución Cubana

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El 1 de enero de 1959, hoy hace justo sesenta años, la Revolución cubana salía triunfante y Fulgencio Batista huía del país. Se iniciaba el proceso por el que Cuba transitó hacia el socialismo –y Fidel Castro hacia la concentración del poder– y por el que la isla desempeñó un importante papel en el contexto de la Guerra Fría, en el desenvolvimiento de la izquierda en América Latina e incluso en la descolonización del Tercer Mundo. Sin embargo, para comprender el periodo insurreccional que, entre 1953 y 1959, condujo a la caída de Batista, resulta más útil comprender la trayectoria y las tensiones de la isla durante el periodo republicano, desde la independencia no completamente resuelta de 1898, que acudir al argumento del conflicto bipolar. Consolidar aspiraciones nacionales, sacudirse relaciones neocoloniales, sacar adelante programas de reforma social y económica, establecer un régimen político estable… esas eran las piezas del tablero que desembocaron en el conflicto de los años cincuenta y a las que se pretendió dar soluciones desde distintas vías: revolucionarias, reformistas, institucionalistas…

Es en este periodo insurreccional de la Revolución cubana en el que se centra nuestro nuevo número de Desperta Ferro Contemporánea, que presta particular atención –por nuestra vocación de estudiar preferentemente el conflicto, el hecho bélico– a las operaciones y la naturaleza de la guerrilla desencadenada en 1956 desde Sierra Maestra por Fidel Castro y sus más que conocidos compañeros de desembarco en Cuba en el yate Granma. Pero esto no debe confundir al lector. Durante aquellos años fueron muchos los actores que, entre la cooperación y la competencia, se disputaron la iniciativa, la estrategia correcta y los objetivos políticos en la lucha contra Batista, y fue solo el devenir de los acontecimientos, su resultado concreto, el que acabó colocando la estrategia guerrillera como la más viable y a Castro como el actor hegemónico en el proceso que se abriría tras el triunfo sobre Batista.

Esperamos con este número transmitir al lector con eficacia el ambiente de unos años complejos, convulsos y efervescentes de la historia de Cuba, en los que, entre huelgas, pistolerismo, sabotajes, insurrecciones militares, atentados –e incluso intentos de magnicidio– y una intensa actividad clandestina en las ciudades, una guerrilla que abandonó la sierra convertida en un (modesto) Ejército Rebelde consiguió el triunfo con una combinación de pericia militar, astucia política y proyección mediática.       

La dictadura de Batista por Manuel de Paz Sánchez y Ángel Dámaso Luis León (Universidad de La Laguna)

Durante 2018 se ha cumplido el setenta aniversario de las últimas elecciones libres y plurales en Cuba, hecho que no solo se debe a la ya larga experiencia castrista tras el triunfo de la Revolución cubana, concebida como un proceso de liberación en aquel momento, sino también a la situación política previa y contra la que Fidel Castro se levantó: la dictadura militar, también de carácter autoritario, de Fulgencio Batista. El levantamiento del general Fulgencio Batista y Zaldívar, junto a sus hombres, no puede entenderse ni explicarse sin atender a la realidad política previa de una Cuba que, en los años cuarenta, funcionaba dentro de un sistema republicano con la Constitución de 1940 como base normativa del Estado. La aprobación de esta había sido el punto de inflexión que iniciaba una nueva década tras la inestabilidad que había seguido a la caída de la dictadura de Gerardo Machado, el “machadato”, que resultó ser una experiencia autoritaria y represiva que duraría hasta el año 1933. Tras la caída de la misma, seguirían una serie de años plagados de inseguridad en los que ocuparían la presidencia del país hasta nueve hombres diferentes, de los que solamente Laredo Bru sobreviviría en el cargo durante un lapso largo de tiempo (1936-1940).

La guerrilla en Sierra Maestra por Luis A. Clergé Fabra (Universidad de La Habana)

La Revolución cubana no pudo empezar de forma más aciaga para los insurgentes. El Granma llegó el 2 de diciembre de 1956, pero tres días después los expedicionarios, fueron sorprendidos por el ejército de la dictadura en Alegría de Pío, lo que provocó la atomización del destacamento, que fue perseguido con saña por fuerzas muy superiores en número y armamento. Esta circunstancia, sumada a la fatiga de la travesía y la azarosa llegada a tierra, determinó que la fuerza se dividiera en veintiocho grupos que se dispersaron por un terreno agreste y desconocido. El saldo de bajas entre los desembarcados del Granma fue de veintiún muertos, de ellos solamente tres en la sorpresa de Alegría de Pío, el resto fueron ejecutados posteriormente, tras haber sido capturados. Los supervivientes se dividieron en muchos grupos dispersos, de los cuales algunos se movieron en forma individual. Dieciocho de los que no murieron o fueron capturados conseguirían unirse a Fidel Castro, el resto abandonó la zona. Empezaba entonces la gran aventura que, tras diversas vicisitudes, los llevaría al triunfo dos años más tarde.

La insurrección en el llano por Eduardo Rey Tristán (Universidad de Santiago de Compostela)

Un repaso a los acontecimientos cubanos desde el golpe de Batista el 10 de marzo de 1952 muestra que fueron múltiples los actores opositores. Cada uno representaba, en cierto modo, un proyecto político propio y diferenciado –si bien no siempre estaba claramente definido–; al tiempo que cada uno apostaba por un repertorio de acción específico, aún dentro de un abanico de posibilidades limitado y relacionado siempre con los repertorios de lucha política e insurreccional tradicionales en la isla y en la región. A diferencia de la lectura que habitualmente se hace de la Revolución cubana y del papel protagónico que reciben Fidel Castro y la guerrilla de Sierra Maestra en el derrocamiento del dictador, un análisis mínimamente riguroso muestra que ninguno de aquellos múltiples actores –Castro y su grupo incluido– tenía de inicio ni el dominio de la oposición ni un rol más destacado que los demás en el desafío insurreccional. El liderazgo de Castro al final del proceso fue, como intentaremos explicar, fruto de un cúmulo de acontecimientos, disputas y relaciones que debieron mucho a la actividad represiva, a la evolución de la lucha, a las habilidades políticas de cada uno en las relaciones con el resto, e incluso al azar.

Características:

  • Serie: Contemporánea
  • Número: 31
  • Tamaño: 29,5 x 21
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