Pese a las afirmaciones de que la campaña de Galípoli fue estratégicamente brillante y estuvo cerca de tener éxito, la realidad es que se desarrolló entre deliberaciones confusas, directrices cambiantes, objetivos poco meditados y una inadecuada distribución de recursos. La campaña, nacida de la búsqueda incoherente por parte del Consejo de Guerra británico de una alternativa al estancamiento del frente occidental y de la necesidad de una ocasión para emplear el New Army de Kitchener en un teatro de operaciones más provechoso, tuvo desde el principio pocas posibilidades de éxito. Las primeras propuestas sobre los Dardanelos surgieron en noviembre de 1914, mientras el Consejo de Guerra consideraba la defensa del canal de Suez. Winston Churchill opinaba que una operación combinada entre la Marina y el Ejército contra la península de Galípoli era la mejor forma de lograrlo, a lo que añadió que “nos daría el control de los Dardanelos y podríamos imponer nuestras condiciones a Constantinopla”.
La idea de introducir una flota a presión entre los serpenteantes márgenes de los Dardanelos, fortificados desde hace siglos, ha ocupado durante centurias la mente de los militares de muchas naciones, y con el Imperio otomano involucrado en la Gran Guerra afloró de nuevo el viejo concepto de “forzar el paso de los Dardanelos” para amenazar El paisaje de Galípoli es de una belleza cautivadora, un hecho del que no se percataron los jóvenes que combatieron allí, pues hace cien años era algo bien diferente, una escena de gran sufrimiento. Ese mismo paisaje, que iba a influir directamente en las batallas libradas en 1915, fue descrito en las numerosas historias sobre la campaña de Galípoli, que detallan la insuficiencia del suministro de agua, las laderas escarpadas, los abruptos barrancos, la naturaleza de los empinados riscos y la densidad de la vegetación. Todo ello se conjuró para hacer de los Dardanelos un lugar complicado en el que servir.
Mientras que el frente occidental fue testigo de la colisión entre superpotencias industrializadas, en los teatros de operaciones orientales el Ejército otomano tuvo que sobreexplotar su base socioeconómica agraria para luchar contra un gigante industrial como Gran Bretaña. Cien años después, la mayoría de los interesados en la historia militar siguen desconociendo en gran medida el lado turco-otomano de este formidable acontecimiento bélico, en el que intervinieron elementos propios de la guerra moderna como ataques navales a tierra, defensas costeras con baterías de largo alcance, desembarcos anfibios, guerra de trincheras y, si no bombardeos, sí reconocimientos aéreos. ¿Cómo logró el alto mando otomano restaurar su eficacia militar solo dos años después de la catastrófica derrota en las Guerras Balcánicas (1912-1913)? Aún sigue ignorándose la respuesta a esta pregunta, pero se ha afirmado a menudo que, durante la Gran Guerra, bajo la influencia de los asesores alemanes, los Jóvenes Turcos militarizaron la élite política del régimen otomano. Sin embargo, los límites y peculiaridades del denominado militarismo otomano no se han valorado suficientemente.
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