Desperta Ferro Contemporánea Nº 41: Normandía II - Utah y Omaha
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Un plan para reconquistar Europa por Stephen C. Kepher

Durante el año 1943, los aliados celebraron cinco cumbres. En ellas se suscitó un gran debate en torno a la conveniencia y el momento propicio para un ataque a través del canal de la Mancha. ¿Qué iban a elegir los aliados? En 1943, los aliados tenían dos opciones: la concentración de fuerzas para ejecutar un asalto anfibio tan pronto como fuera posible, que preconizaban los estadounidenses, o la idea británica del “picador”, combatir a los alemanes en teatros de operaciones secundarios, especialmente en el Mediterráneo, a la espera de que los nazis se debilitaran. Gracias, fundamentalmente, al trabajo del teniente general británico sir Frederick Morgan y a su pequeño equipo de planificación formado por militares británicos, canadienses, estadounidenses, sudafricanos y australianos, los jefes del Estado Mayor Combinado y sus superiores políticos dispusieron de un plan viable de asalto a través del canal para su análisis y aprobación. Así, los aliados fueron capaces de atacar Omaha, Uta y demás playas de Normandía el 6 de junio de 1944 por obra del COSSAC (Chief of Staff to the Supreme Allied Commander, “jefe del Estado Mayor del Comandante Supremo Aliado”), nombre que recibieron Morgan y su equipo.

A la espera de la ofensiva por Peter Lieb (ZMSBw)

A finales de octubre de 1943, el Generaloberst Hans von Salmuth, comandante del decimoquinto ejército, escribió una carta entre oficial y privada a Alfred Jodl, jefe de operaciones del Estado Mayor del OKW, en la que le transmitía una impresión cruda y directa acerca del estado de las secciones del “Muro del Atlántico” bajo su mando en la costa belga y del norte de Francia. En su opinión, en realidad esta no era una fortificación sólida y continua, sino “un cordón fino, frágil en muchas partes, que en determinados puntos tiene algunos nuditos más firmes”. También los soldados, a los que Von Salmuth denominaba de forma poco halagüeña como “agrupaciones de lactantes” por la enorme proporción de jóvenes reclutas, eran en parte de una calidad dudosa. Por último, el Generaloberst avisaba de los numerosos solapamientos de competencias, “dignos de un idiota”, que iban a producirse durante la esperada batalla defensiva. “Ninguna invasión enemiga se estrellará contra el Muro del Atlántico”, advertía Von Salmuth, por mucho que este existiera desde hacía casi dos años.

Omaha la sangrienta por Olivier Wieviorka

De los muchos desafíos a las que tuvieron que someterse los soldados estadounidenses que desembarcaron en Normandía, la playa de Omaha fue sin duda el más duro. En marea baja era una amplia extensión de arena cuajada de obstáculos, pero a pesar de estos, para los soldados era una sábana vacía batida por el fuego de las ametralladoras y los cañones enterrados bajo el hormigón de las posiciones alemanas. Para aquellos que consiguieran cruzarla, el único lugar que ofrecía cierto asilo era un pequeño terraplén de guijarros, dejados por décadas de mareas, pues hasta allí llegaba la línea de la pleamar; mientras que para los que no, al mar ascendente solo iban a hacerle falta algunas horas para convertirse en su mortaja. Por supuesto, el terraplén solo era una etapa. Uno de los oficiales presentes afirmó con contundencia que solo dos tipos de hombres permanecían allí, los que estaban muertos y los que iban a morir. Quienes quisieran evitar tan funesto destino tenían que cortar la alambrada situada más allá del terraplén, y cruzar los campos de minas que había detrás para ascender a las alturas que dominaban la playa, donde estaban los blocaos de los alemanes, para destruirlos. Solo entonces remitió un poco la pesadilla, pero para entonces unos tres mil hombres yacían sobre Omaha la sangrienta.

  • Serie: Contemporánea
  • Número: 41
  • Tamaño: 29,5 x 21

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