Con la victoria en Noruega y en la campaña occidental en la primavera de 1940, los alemanes se enfrentaron al problema de un enorme litoral que defender, desde el Cabo Norte, en el norte de Noruega, hasta la frontera franco-española. La conquista de una línea costera de tal magnitud ofrecía numerosas ventajas para la operatividad de la Kriegsmarine y, especialmente, para la flota submarina y los buques corsarios, pero llevaba asociada la obligación de la defensa. Ciertamente, una parte de ese litoral ya poseía ciertas defensas, como en el caso de muchos de los puertos noruegos o en el de sectores concretos de la costa francesa, pero tales defensas estaban, con demasiada frecuencia, obsoletas, y era preciso fortalecerlas considerablemente, y ampliarlas. De esta manera comenzó la construcción de la que se daría en llamar Atlantikwall, o Muralla del Atlántico, la mayor obra de ingeniería de la II Guerra Mundial.
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