Desperta Ferro Moderna Nº 58: La Primera Guerra Carlista - La Expedición Real
  • Desperta Ferro Moderna Nº 58: La Primera Guerra Carlista - La Expedición Real

Desperta Ferro Moderna Nº 58: La Primera Guerra Carlista - La Expedición Real

Comprar Desperta Ferro Moderna Nº 58: La Primera Guerra Carlista - La Expedición Real

7,50 €
IVA Incl.
Cantidad
Últimas unidades en stock
2940
1 Artículo

1837. El año decisivo de la Primera Guerra Carlista por Julio Albi de la Cuesta

En la primavera de 1837, tras cuatro años de combates, la evolución de los acontecimientos en la zona liberal y en la carlista hizo creer tanto a doña María Cristina como a don Carlos que era llegado el momento de poner fin a la guerra, dando un paso audaz. Tras los sucesos de La Granja, la regente estaba dispuesta a una transacción con don Carlos. Grandes sectores del liberalismo moderado, amedrentados por los excesos del progresismo triunfante, coincidían en los deseos de poner término a la guerra civil. De otro lado, las que se denominaban “provincias leales” al pretendiente rozaban el agotamiento, mientras que la población se resentía de lo que parecía una guerra interminable, sin horizonte alguno.

Las tropas de la Expedición Real por Julio Albi de la Cuesta

La situación del campo carlista en la primavera de 1837, las negociaciones en curso, unidas a la “fiebre” por lanzar tropas al interior de España, solo podían desembocar en un resultado: se montaría una gran expedición que, confiando en que “bastaba la presentación de una boina para levantar provincias enteras”, llevaría a don Carlos a Madrid. Los efectivos totales sumaban 10 780 infantes y 1200 caballos. Suponían, pues, el grueso del ejército, sin bien la expedición partió sin acémilas de intendencia, sin armeros, ni fraguas de campaña, ni pontones, con escasez de municiones, sin calzado de repuesto y con solo 2000 reales. A pesar de todo, empezó su andadura repleta de esperanzas. Una alocución del 20 de febrero ratificó la impresión general de que se emprendía el camino hacia un final victorioso de la guerra.

La ilusión de las primeras victorias. Huesca y Barbastro por Daniel Aquillué Domínguez

Cuando la Expedición Real partió de Estella, lo hizo hacia el este, buscando la oportunidad de girar al suroeste, cruzando el caudaloso Ebro. En paralelo, por el sur, la siguieron desde su marcha las fuerzas isabelinas al mando del general Manuel Iribarren, virrey de Navarra, quien comandaba el Ejército de la Ribera. El 24 de mayo, día en que la Expedición Real se hallaba en la ciudad de Huesca, Irebarren pasó al ataque. El resultado fue una sonora derrota liberal que hizo cundir el pánico en Zaragoza. Marcelino Oráa, jefe del Ejército del Centro, reunió todos los efectivos disponibles, formando un contingente considerable con el que marchó a interceptar a la Expedición Real. El 2 de junio de 1837 los dos ejércitos chocaron en la batalla de Barbastro, una rotunda victoria carlista. El 7 de junio la fuerza del pretendiente cruzó el Cinca y se internó en Cataluña.

Características:

  • Serie: Historia Moderna.
  • Número:58
  • Tamaño: 29,5 x 21.

16 otros productos en la misma categoría: